Enrique Villarreal Ramos *

 

El derecho a la educación

En primera instancia, el derecho a la educación ha estado ligado a la noción de garantizar el acceso universal a la escolarización desde los niveles básicos hasta los superiores. Si bien en términos formales las políticas educativas de los países latinoamericanos se han comprometido con aquel principio, y en la práctica han tenido variados resultados, es evidente que el esfuerzo educativo no se puede limitar simplemente a que cada vez más personas obtengan un certificado escolar.

La competencia global, la economía del conocimiento, y las tecnologías de la información y la comunicación, entre otros factores, están determinando que el derecho a la educación se transforme en el derecho a aprender, lo que nos conduce al concepto de educación de calidad.

También, el oleaje democratizador mundial y la lucha por la creciente universalización de los derechos humanos, del cual el derecho a la educación es uno de ellos, conlleva a que éste también signifique, como una tercera dimensión del derecho a la educación, la inclusión, el trato digno y la igualdad de oportunidades.

 

El difícil camino a la calidad educativa

Si bien en América Latina impera la heterogeneidad y las desigualdades entre los países (y al interior de ellos), lo que dificulta las generalizaciones, pese a ello, se pueden extraer algunos rasgos promediales para caracterizar su situación social y educativa. Para empezar, es importante mencionar que durante la primera década del siglo XXI la tasa de crecimiento anual fue de casi 5% en promedio. Ello se reflejó en el PIB promedio por habitante, el cual pasó de 8,400 dólares en el 2000 a 9,600 en 2010. Este crecimiento permitió que, según la clasificación del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, la mayoría de las naciones de la región pudiera transitar de un nivel de desarrollo humano medio a uno alto, lo que se pudo observar que, entre el 2000 y 2010, las personas cuyos ingresos se situaban bajo la línea de pobreza se redujera de 43.9 a 35.4 por ciento.

El favorable contexto económico y social que vivió América Latina en el nuevo siglo coadyuvó en el incremento del gasto público en educación como porcentaje del PIB, de 4.5 a 5.2, entre 2000 y 2010, incluyendo el porcentaje del gasto por estudiante, que se elevó de 14.1 a 16.1 en el mismo periodo. En la primera década de este siglo, en términos generales, la matrícula educativa ha crecido, al igual que ha disminuido la tasa de deserción, aumentando la tasa de retención o sobrevivencia escolar, y una tendencia hacia la universalización de la educación.

Concretamente, en la educación superior latinoamericana, la tasa de estudiantes por cada cien mil habitantes aumentó de 2,316 en 2000 a 3,328 en 2010, más del 40% de incremento, a pesar de que bajó el gasto público por habitante, de 43.5% del PIB a 29.7 en ese mismo lapso.  Sin embargo, sólo uno de cada 10 (entre 25 y 29 años) completó cinco años de enseñanza universitaria.

Esta última cifra nos indica que, más allá de los avances en la universalización de la educación en América Latina (mayormente opacados cuando el análisis destaca a los países más pobres y a los grupos de más bajos ingresos y marginados de cada uno de ellos), el anhelo de la calidad educativa sigue lejano, principalmente si se le considera en una dimensión amplia, es decir, cuando se incluyen las condiciones sociales, los insumos, el capital intelectual (docentes), el aprovechamiento escolar y los resultados académicos.

Con relación a las condiciones sociales, no obstante los adelantos en el desarrollo humano (anteriormente mencionado), en la región la pobreza sigue afectando a más de un tercio de su población (y en algunos países a la mitad o a un mayor porcentaje de la misma), particularmente a la que vive en las zonas rurales y en las indígenas. Sin olvidar que Latinoamérica es la región más desigual del mundo, con la mayor concentración de la riqueza. Con referencia a los insumos, los indicadores son muy variables, pero respecto del más importante –la docencia–, la tendencia regional ha sido el incrementar el número de profesores, no así a elevar su profesionalización, al grado que en algunas naciones la mitad o más de aquellos no se ha certificado como maestros.

Esta situación sin duda afecta en las escuelas, las familias, el aprovechamiento y los resultados académicos. La ausencia de calidad educativa perjudica mayormente a los estudiantes pobres, ocasionando un círculo vicioso, ya que tendrán menores posibilidades para desarrollar sus capacidades, lograr mejor aprovechamiento escolar y oportunidades profesionales para desenvolverse exitosamente en la sociedad, y así poder salir de la pobreza. La inequidad reducirá oportunidades y las incrementará para los estudiantes que se encuentren en mejor situación social.

Ahora bien, con relación a los resultados académicos en educación básica, conforme a lo evaluado por PISA (2009) en nueve países latinoamericanos, 58% de los estudiantes en matemáticas, 45% en lectura y 48% en ciencias no alcanzaron el nivel II de desempeño, es decir, no demostraron aprendizajes básicos (dos o tres veces inferior al promedio de los países de la OCDE). En la enseñanza superior los indicadores latinoamericanos son muy variables, pero un parámetro que permite vincular condiciones, insumos, aprovechamiento y resultados, es el nivel de empleo de los egresados. Así, según el informe de la OCDE, en el 2011 Chile y México tuvieron tasas de desempleo entre los adultos con educación superior, de 5.4 y 4.8 por ciento, respectivamente. Específicamente en México, jóvenes entre 15 y 29 años, estudian en promedio 5.1 años, uno de los lapsos de tiempo en educación más corto entre los integrantes de la OCDE (dos años menor que su media).

En fin, son diversos los indicadores que se pueden considerar para medir las deficiencias en la calidad educativa, pero lo que interesa destacar aquí es que dicha problemática tiene un carácter regional, que su origen se ubica en los niveles educativos básicos, y que el tema de la calidad es multidimensional y multicausal, dependiendo en gran medida de las condiciones socioeconómicas y de las políticas públicas.

Lograr la calidad educativa en la enseñanza superior se dificultará de no superar la problemática estructural que afecta a la educación latinoamericana en sus niveles básicos.

 

Calidad Educativa

Conforme a lo definido por la UNESCO, la calidad de la educación superior es un concepto multidimensional que comprende las funciones sustantivas de docencia, investigación y extensión, incluyendo la administración, el financiamiento y la infraestructura. Entre sus recomendaciones, impulsa además establecer normas de calidad comparables con las de reconocimiento a nivel internacional, tales como la transparencia, la rendición de cuentas y la sustentabilidad.

Para la autoevaluación interna y la evaluación externa, se contempla el personal académico (productividad, actualización, etc.), los estudiantes (admisión, eficiencia terminal, titulación, etc.), la evaluación del aprendizaje (mecanismos, estímulos, etc.), el currículo (normativa, programas, etc.), entre otras categorías y criterios que serán traducidos en indicadores cuantificados y calificados conforme a un estándar de calidad. La evaluación incluirá la fundamentación, las recomendaciones y las observaciones para la mejora del aspecto revisado. La acreditación podrá ser el resultado de alcanzar un determinado grado de conformidad de las categorías y criterios analizados y evaluados con normas convencionalmente definidas y aceptadas entre el acreditado y el acreditador.

Organismos acreditadores de la calidad

En América Latina la dinámica en favor de la calidad educativa es relativamente reciente, aproximadamente de dos décadas a la fecha, cuando comenzó a incluirse como objetivo dentro de las políticas y programas gubernamentales sobre educación. En parte fue una respuesta a la crisis económica (a la necesidad de eficientar recursos), aunque también, en buena medida, al imperativo de adecuarse a las nuevas circunstancias derivadas del nuevo modelo de desarrollo caracterizado, entre otros rasgos, por el protagonismo del sector privado y la inserción a la globalización. Asimismo, la emergencia de la sociedad de la información y el conocimiento hace de la calidad educativa una precondición y una cualidad de la misma.

La incorporación a la dinámica de la calidad educativa en la educación superior, concretamente, se reflejó en el establecimiento de diversos organismos especializados de evaluación y/o acreditación de las instituciones de enseñanza superior. En cada vez más naciones latinoamericanas ya existen instituciones, agencias o sistemas de evaluación, certificación y acreditación.

En México destacan la Secretaría de Educación Pública, la Asociación Nacional Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES, 1950) y el Consejo para la Acreditación de la Educación Superior (COPAES, 2000), institución ésta autorizada para conferir el reconocimiento oficial a los organismos acreditadores como es el caso del Consejo de Acreditación en la Enseñanza de la Contaduría y la Administración (CACECA, 2003), el cual durante más de 10 años ha demostrado su eficacia, eficiencia y confiabilidad para acreditar programas académicos en su área de especialización.

A partir de estos esfuerzos nacionales, en Latinoamérica se busca establecer marcos de acreditación, organismos y mecanismos de evaluación y cooperación regional, tanto en un ámbito general como especializado. Por ejemplo, en el 2003, se crea la Red Iberoamericana para la Acreditación de la Calidad de la Educación Superior con la misión de promover la cooperación e intercambio entre los sistemas universitarios y potenciar sus esfuerzos de evaluación y acreditación en cada uno de sus integrantes y a escala regional. De alcance subregional, merecen destacarse organismos como el Consejo Centroamericano de Acreditación de la Calidad de la Educación Superior y el Mecanismo Experimental de Acreditación del Mercosur.Como organismos de alcance regional, sobresale el Consejo de Acreditación en Ciencias Sociales, Contables y Administrativas en la Educación Superior de Latinoamérica (CACSLA, 2009). De origen mexicano, CACSLA nace con los objetivos de fortalecer e impulsar los programas académicos  en  estas áreas de las instituciones de enseñanza superior, y de lograr su acreditación para alcanzar los estándares exigidos por la calidad educativa. A decir suyo, “en el entorno latinoamericano, la acreditación permite a las universidades efectuar comparaciones y parámetros para evaluar la calidad de la educación en la región y contribuye a la  movilidad de estudiantes, de docentes e investigadores para el intercambio científico y tecnológico entre los países miembros”.

Reflexión final

En los últimos quince años se han dado pasos importantes hacia la calidad educativa en la educación superior latinoamericana. Destaca de manera importante el creciente consenso sobre el imperativo de la calidad, que se ve reflejado cotidianamente en las instituciones de enseñanza superior y en la existencia de organismos evaluadores y acreditadores nacionales e internacionales. Cada vez existen más universidades que han hecho de la calidad una praxis de mejoramiento continuo en las diversas modalidades y niveles académicos.

Empero, la calidad no se puede ver circunscrita a un nivel educativo ni solamente como un asunto meramente escolar. Como se vio, resulta fundamental que todo el sistema educativo quede involucrado dentro de la dinámica de la calidad, para que realmente se puede calificar como un “sistema de calidad”, un todo articulado bajo criterios estandarizados, aplicados y revisados constantemente para que la calidad misma sea mejorada como una teoría y una metodología académico-administrativa. En este sentido, es obligado que se produzca una retroalimentación de los niveles superiores con los básicos para que la calidad realmente sea un sistema integrado. Finalmente, como parte de la multidimensionalidad de la calidad, se requiere que los poderes públicos y los actores económicos y sociales involucrados con la educación generen óptimas condiciones culturales, socioeconómicas y del entorno familiar; un clima escolar sano, insumos adecuados, poderoso capital intelectual y recursos indispensables para alcanzar una calidad educativa, que realmente pueda incidir en la superación de las desigualdades e inequidades imperantes en América Latina.

Fuentes

- CACSLA, Información básica, CACECA, 2014.Enrique Villarreal Ramos, Autonomía universitaria y calidad educativa, CACECA, año 5, no.31, septiembre-octubre de 2013, pp.21-26OCDE, Panorama de la educación 2013, OCDE.

- Roberto, Rodríguez Gómez, Acreditación de la educación superior. El panorama latinoamericano, campus Milenio, Núm 49, 2003Simon Schwartzman, El futuro de la educación en América Latina y el Caribe, Séptima Reunión del Comité Regional Intergubernamental del Proyecto Principal de Educación en América Latina y el Caribe Año 2001UNESCO, Conferencia Mundial sobre la Educación Superior. La educación superior en el siglo XXI. Visión y acción. Informe Final, París, 1998.Id. Informe regional sobre la educación para todos en América Latina, Oficina Regional de Educación para América Latina 2011Id. Situación Educativa de América Latina y el Caribe: Hacia la educación de calidad para todos al 2015. Hacia la calidad educativa para todos, Oficina Regional de Educación para América Latina, 2013.

* Doctor en Estudios Latinoamericanos. Profesor universitario. Colaborador en diversos medios especializados.

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