Adela Morales Parra[1]

Roxana Loubet Orozco[2]

 

La evaluación y la investigación son dos aspectos que forman parte de la actividad sustancial de las Instituciones de Educación Superior (IES). La primera, desde una perspectiva organizacional, es un proceso que persigue la mejora continua de las organizaciones a través de la detección oportuna de problemas que impidan el cumplimiento de los objetivos y metas planteados en los planes operativos y académicos. Y la segunda es una de las actividades más importantes de las universidades para generar e innovar el conocimiento que se aplica en el proceso de enseñanza. En este sentido, es importante entender cuál es la razón de ser de la evaluación en las instituciones educativas y cuál es el camino o ruta que van delineando los organismos evaluadores para las IES, en el ámbito de la investigación. La ruta a seguir en este texto está orientada sobre el eje de estas dos interrogantes.


 

La razón de ser

La búsqueda de la calidad educativa a nivel mundial, así como la racionalización del presupuesto público, orientaron a los países a generar políticas que permitieran establecer mayores grados de eficiencia y eficacia en los sistemas educativos. En México, estas políticas quedaron plasmadas en el Programa de Modernización Educativa (1989-1994), por el que se determinó que la rendición de cuentas en el ámbito académico y organizacional debería de llevarse a cabo por parte de las universidades a través de los procesos de evaluación y acreditación, tanto de los programas académicos como de los procesos administrativos. Esto originó la necesidad de contar con organismos encargados de llevar a cabo esos procesos de evaluación y acreditación, surgiendo con ello en el año de 1991 los Comités Interinstitucionales para la Evaluación de la Educación Superior (CIEES) y el 24 de octubre del 2000 el Consejo para la Acreditación de la Educación Superior (COPAES). Mientras que el rol principal de los CIEES es la de evaluar las funciones de las instituciones de educación superior, el COPAES acredita a los organismos evaluadores que fungen a su vez como instancias acreditadoras de los programas académicos de educación superior.

La institucionalización de la evaluación y la acreditación en el sistema educativo en México no solamente genera rendición de cuentas, sino que también determina de manera progresiva modelos académicos organizacionales que están anclados por las categorías y parámetros contenidos en los programas de los organismos evaluadores.

En este sentido, es importante para las universidades y para los organismos que se establezca de manera clara y puntual qué se busca con la evaluación. Esto es fundamental, ya que el entender el sentido orientador de los organismos propicia que los sujetos involucrados en estos procesos tengan mayor certidumbre de hacia dónde se dirigen al participar en la evaluación. Por ello, es esencial que la capacitación por parte de los organismos evaluadores se oriente hacia el ser de la evaluación y hacia la explicación de la construcción del modelo de programa académico que ha de dibujarse bajo la filosofía del organismo evaluador.

Consideramos aquí que el construir un proceso de comprensión del significado de la evaluación puede suscitar un cambio en la lógica de los programas académicos; y que dicha evaluación sea concebida más que un acto mecanizado y burocrático centrado en el cumplimiento de evidencia documental requerida por el organismo evaluador. Cuando se realiza el proceso evaluativo por parte de las universidades y no se entiende la lógica de la evaluación, siempre existirán vacíos e incongruencias en las categorías evaluadas y el trabajo no se llevará a cabo sistémicamente. Así, la razón de ser de la evaluación tomará sentido en la medida en que los organismos evaluadores y las IES determinen esa lógica y establezcan hacía donde se dirigen con esos procesos y cuál es el beneficio real que obtendrán las IES en su quehacer educativo.

Sin lugar a dudas, el incremento de la calidad educativa y la eficacia de los recursos es la meta final de la evaluación, pero para llegar al cumplimiento real se ha de trabajar no solamente desde la perspectiva del concepto de la evaluación ni del cumplimiento nominal de los requerimientos, sino desde una observancia sustancial de un cambio en la lógica de la formación de los sujetos que conlleve a una verdadera transformación de la sociedad.

 

 

La ruta a seguir

Es evidente que los procesos de evaluación seguirán aplicándose en las IES. Bajo este esquema, la ruta de las IES está determinada en la lógica de la evaluación de los programas académicos y de la evaluación institucional, en general. El avance de las universidades hacia el cumplimiento de sus logros institucionales deben de analizarse en el marco de las evaluaciones. Es menester, entonces, que las universidades hagan un balance para analizar sus avances reales a partir de sus procesos evaluativos en la idea de reflexionar en torno a la manera que han logrado transformar estos procesos a su función sustantiva que tienen como universidad.

La evaluación y la acreditación es la vía que se les ha generado para sistematizar sus procesos e incrementar la calidad educativa. De esto no queda la menor duda. Pero ese camino debe de estar consensuado y concientizado por parte de las IES y los organismos evaluadores. La transformación de las estructuras universitarias es un hecho real, no obstante debe de haber un entendimiento que permita la observancia de los requerimientos que le demanda el organismo evaluador y la realidad a la que se enfrenta la institución. Bajo esta dinámica, la pregunta esencial sería ¿hacia dónde van las universidades y que tipo de institución educativa se va determinando a partir de las evaluaciones externas?

El estudio sistemático de las categorías a cumplir es un ejercicio que debe ser obligatorio para las IES. En este sentido, se debe de tener claro: ¿Qué buscan esas categorías? ¿Cuál es el sentir del organismo evaluador en su proceso reconstructivo de las IES? Es evidente que los organismos externos, al diseñar sus modelos evaluativos, traen una filosofía que está determinada en el modelo y su implementación va orientada a generar una sistematización de las acciones cotidianas de estas instituciones; pero más allá de los aspectos reglamentarios y nominales hay que entender la esencia constructiva de esos modelos que van orientados, evidentemente, a generar una reconversión académica en aras de lograr la calidad educativa. Y esa filosofía deberá de ser aplicada al programa educativo y a la institución misma que deberá de coincidir con su esencia filosófica. La ruta está determinada, y en tanto no surjan nuevas políticas educativas, la evaluación y la acreditación estarán vigentes en la vida académica de las IES.

 

 

La contribución de los organismos en el proceso de investigación

Como se comentó con anterioridad, la investigación es un factor esencial en la vida académica de las IES, la generación del conocimiento solamente se puede llegar por la vía de la investigación y la renovación del proceso de enseñanza, mismos que son atendidos bajo la dinámica de la investigación. Las universidades o los institutos de investigación son los encargados de proveer a la sociedad de explicaciones teóricas o empíricas sobre las problemáticas que se presentan en la realidad social. Por ello es importante que exista un orden y una sistematización en este aspecto tan relevante que provee de una vida sustanciosa a las instituciones educativas.

En este sentido, a pesar de su importancia, la investigación es uno de los puntos que representan mayores problemas al momento de ser evaluados, ya que a pesar de ser un factor importante, el núcleo de investigadores por lo general es pequeño. O bien las líneas de investigación son dispersas y no están acorde a los programas académicos.

Bajo este contexto, es importante plantearnos la siguiente interrogante: ¿Cuál podría ser la contribución de los organismos evaluadores para que las universidades cuenten con investigaciones que coadyuven a impulsar sus programas académicos y a generar recursos humanos vinculados con la realidad social y empresarial?

Un punto significativo que se puede observar en la aportación que generan los organismos evaluadores es el establecimiento de las normatividades. En el caso particular del Consejo de Acreditación en la Enseñanza de la Contaduría y la Administración (CACECA), se busca que la institución cuente con una normatividad orientada específicamente a la actividad de la investigación. Contar con una reglamentación garantiza un eje ordenador que establecerá las directrices de esta actividad, por lo que todo lo concerniente a esta actividad deberá ser revisado primero bajo la lupa de esa normatividad. Otro aspecto importante son las líneas de investigación, en este sentido se va buscando que exista una congruencia entre la normatividad, los programas institucionales y el currículum. Con ello se garantiza que las investigaciones están regidas por el reglamento de investigación que están contenidas en los programas institucionales y académicos.

Un aspecto importante a identificar en los proyectos que están desarrollando los investigadores es que estén relacionados con las líneas de investigación establecidas por los cuerpos académicos o por el núcleo de investigadores. De igual manera se busca que los docentes participen en la investigación, pero que cumplan con un perfil pertinente en las áreas temáticas de su profesión y de las líneas. Cabe señalar que el organismo evaluador no establece las líneas, sino que es la misma institución académica que las determina en función de sus necesidades y problemáticas con las que se vincula.

Otro punto significativo son los recursos financieros, puesto que sin la existencia de un presupuesto destinado a incentivar la investigación es difícil que se pueda llevar a cabo. En este sentido, al integrarse en los criterios de evaluación se va orientando a las IES para que se considere este aspecto dentro de sus programas presupuestales; que la investigación no quede plasmada solamente como una idea sino que se haga efectiva, además de pertinente, y con ello las universidades o institutos de investigación realmente se vinculen con las problemáticas que requieran de explicaciones sociales o empresariales. La solicitud de que las investigaciones realizadas puedan ser susceptibles de recibir premios o distinciones invita a las instituciones a que den a conocer sus proyectos a otras sociedades del conocimiento y que puedan ser distinguidas si son consideradas innovadoras o importantes para el campo de la ciencia.

 

 

Conclusión

Estas breves reflexiones sobre los procesos de evaluación y acreditación nos permiten entender que el trabajo en las instituciones educativas debe de ser colectivo para que realmente el proceso de evaluación impacte en la calidad académica. La verdadera evaluación va más allá de la sistematización de la información vertida en las carpetas que se le presentan al evaluador, por lo que el ser de la evaluación deberá estar acorde a las directrices establecidas por la institución y el modelo evaluativo de los organismos externos y que lo sistematizado en las carpetas se vea reflejado de manera cotidiana en la vida académica de estas instituciones.

 

Bibliografía consultada

CACECA. Documento autoevaluación .

CIEES, Marco de referencia general para evaluar las funciones y los programas educativos de las Instituciones de Educación Superior. Documentos fotocopias.

COPAES. www.copaes.org.mx

Morales Parra, Adela (2007), Los procesos de evaluación y acreditación: un estudio de caso: La facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma de Sinaloa. Edit. UAS. México.

Poder Ejecutivo Federal. Plan Nacional de Desarrollo 1989-1994. Fotocopias.

 

 

[1] Dra. en Educación; Coordinadora del Instituto de Investigación para el Crecimiento Económico y Social (IICES) y profesora e investigadora de la Universidad Pedagógica del Estado de Sinaloa (UPES).

[2] Dra. en Educación; Profesora e investigadora de la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS), integrante del grupo IICES.

4013 View